¿Por qué los asientos de mi sofá se hunden?
Los asientos de tu sofá se hunden porque la espuma ha perdido densidad, las cinchas están cedidas o la estructura interior no es lo suficientemente resistente. En la mayoría de los casos, el problema no es el tapizado, sino lo que hay debajo: materiales de baja calidad o un uso más intenso del previsto.
¿Qué afecta a que el sofá se hunda?
Cuando un cliente nota que “el sofá se ha hundido”, casi siempre el fallo está en la sentada. La espuma y su densidad son lo más importante de cada sofá. Si hablamos de espumas por debajo de 25 kg/m³ o espumas sin alta resiliencia (HR), es cuestión de tiempo que pierdan firmeza. La densidad indica la cantidad de material por metro cúbico: a mayor densidad, mayor durabilidad. No significa más dureza, sino más resistencia al paso del tiempo.
Otro punto clave son las cinchas elásticas que sostienen el asiento. Si son de baja calidad o están mal tensadas, empiezan a ceder y provocan esa sensación de hundimiento aunque la espuma sea aceptable. Una cincha buena debe ser ancha, resistente y estar bien grapada a una estructura sólida. Cuando escasean o están muy separadas, el asiento trabaja forzado y acaba deformándose antes.
La estructura también influye más de lo que parece. Un armazón fabricado con aglomerado o maderas blandas sin tratar puede ceder con el peso diario. En cambio, una estructura de madera maciza de pino reforzada mantiene la estabilidad durante años. Si el esqueleto del sofá cede, todo lo demás termina acusándolo, incluso aunque la espuma sea de calidad media-alta.
¿Que hacer para que el sofá no se hunda?
El uso que se le da al sofá es determinante. No es lo mismo un sofá decorativo que uno donde se sientan cuatro personas cada día durante horas. Para un uso intensivo, la recomendación realista es partir de una espuma mínima de 30 kg HR, siendo ideal 35 kg HR para hogares familiares. En gamas altas, espumas de 55 kg HR ofrecen una recuperación superior y prácticamente no se deforman.
También influye cómo nos sentamos. Siempre ocupar el mismo lado, dejarse caer con peso o sentarse en el borde acelera el desgaste. Muchas veces el cliente piensa que el sofá salió defectuoso, pero al revisar se observa que el desgaste está concentrado en un único módulo. Rotar cojines y usar toda la superficie ayuda a repartir la carga.
Si el sofá ya está hundido, hay solución en algunos casos. Cuando la estructura y las cinchas están bien, se puede sustituir la espuma por una de mayor densidad. Es una reparación habitual en fábrica y puede alargar la vida útil varios años. Sin embargo, si el armazón está dañado, la reparación no siempre compensa económicamente.
Cómo evitar que mi sofá se hunda
Para evitar que vuelva a ocurrir, conviene fijarse en tres puntos antes de comprar:
- Espuma mínima de 30 kg HR para uso diario.
- Cinchas elásticas reforzadas y bien tensadas.
- Estructura de madera maciza, nunca aglomerado estructural.
Un sofá puede parecer cómodo en tienda porque es blando, pero la clave está en cómo se comportará dentro de cinco años. La firmeza equilibrada y los materiales adecuados son los que garantizan que no se hunda prematuramente.
En una empresa fabricante con producción artesanal, cada asiento puede adaptarse al tipo de uso del cliente. No es lo mismo una vivienda con mascotas, niños o un salón donde el sofá es el centro de la vida diaria. Elegir bien desde el interior es lo que marca la diferencia entre un sofá que se hunde en tres años y uno que mantiene su forma durante más de una década.
